LA HISTORIA DEL AGUA EN BOGOTÁ RECREADA EN EL HUMEDAL LA TINGUA AZUL.
- 30 nov 2013
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El agua es vida, y aunque suene ridículo o ficción si se esta acabando. Bogotá es una ciudad privilegiada en este líquido tan preciado y menospreciado a la vez; una ciudad con una historia del agua desde nuestros ancestros de los muiscas, chibchas , zipas, una ciudad en medio de lo natural de las cordilleras, y de las historias del agua que los rodea.
Con el legado que nos dejó nuestra descendencia muisca, pretendemos recrear la historia del agua, a través de sus mitos. Entre los muiscas existía la creencia de que Bachué había emergido de la laguna de lguaque, en cercanías de Tunja, trayendo consigo a un niño de tres años con quien luego se casó y de cuya unión surgieron los primeros seres humanos. O de Bochica el anciano de largas barbas blancas, con su rígido y estricto código ético, y su sabana fértil y su lago de titicaca, el cual desapareció cuando bochica golpeó con su vara mágica la peña de un cerro por donde salieron las aguas y formaron en su caída el Salto de Tequendama. Por eso a la llegada de los españoles encontraron un territorio surcado por numerosos riachuelos, humedales, quebradas y pequeñas lagunas, remanentes del mar interior. Y entre los cauces de los ríos Vicachá o San Francisco, y Manzanares o San Agustín –hoy terraplenados y por donde discurre la Avenida Jiménez y la Calle Séptima emergieron ese villorrio que llamaron Nuestra Señora de la Esperanza y después Santafé. Así que en cierto sentido la historia de Bogotá es también la historia de su agua.

















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